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> LOINATZ JAIAK - LA BAJADA DE MARI |
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Mari. Es un numen de sexo femenino que ocupa moradas
subterráneas y funciones que han sido atribuidas a diversos
númenes en Euskal Herria. Es considerado como jefe de los demás
genios.
En una de las leyendas relativas a Mari - versión de Ataun,
Beasain - se dice que ella se casó con un joven del caserío
"Murugoena" de Beasain. Tuvo siete hijos. Como ella no era
cristiana no los bautizó. Pero su marido pretendió un
día llevarla a la iglesia del pueblo a bautizarla juntamente
con sus hijos. Entonces Mari voló, envuelta en llamas, a la
peña de Murumendi, mientras decía: "nere umeek
zerurako, ta ni oaiñ Murua´ko" "mis hijos para
el cielo y ahora yo para Muru" y entró en su antigua morada
de Murumendi.
Durante el acto festivo que da comienzo a las Loinatz Jaiak, Mari
se dirige a Beasain al empezar las fiestas a saludar a todos los beasaindarras.
En el acto participan los dantzaris de los grupos de baile tradicional
vasco de Beasain que portando antorchas llegan bailando y cantando
a Loinazko San Martin plaza desde diversos puntos. Allí realizan
diferentes bailes representando un akelarre. A continuación
dan paso a la Coral Loinatz que interpreta una canción dedicada
a Mari y compuesta por su actual director Xabier Sarasola.
Se prende fuego a la hoguera situada en la mitad de la plaza y Mari
(muñeca) baja volando desde Murumendi envuelta en rayos, truenos
y un fondo de txalaparta, para caer en la hoguera y encenderse en
llamas. A continuación Mari (persona) se presenta en el balcón
del Ayuntamiento para saludar y leer el pregón y finalmente
dar comienzo a las Loinatz Jaiak, encendiendo el chupinazo.
Tamborrada. Se sabe que antes de la guerra de 1936 había tamborrada,
Beasain Festivo, e importantes festejos por Carnaval. Tras un largo
paréntesis fue en 1978 cuando volvió a salir de nuevo
la tamborrada de Beasain.
El primer año se desfiló con dos compañías
de tambores y una de barriles, cuyo número fue ampliado en
la segunda edición en que tomaron parte dos bandas de música.
A partir del tercer año, las sociedades de la villa de acuerdo
con el Ayuntamiento, se encargaron de organizar la tamborrada. La
tamborrada se enriqueció al segundo año de organización
a cargo de las sociedades, con una carroza montada por la decana de
las sociedades beasaindarras, Usurbe, recogiéndose el testigo
en las siguientes ediciones por orden de antigüedad. Este compromiso
tiene que ver con el orden del desfile. Así la sociedad que
se encarga de la carroza marcha en último lugar, evitándose
repeticiones en el orden del cortejo.
El recorrido termina en la Plaza de San Martín de Loinaz, donde
las compañías interpretan todo el repertorio. Pero antes,
a eso de media tarde, las diversas sociedades templan el parche desfilando
sus compañías por un recorrido previamente fijado para
cada una de ellas, calentando así el ambiente festivo. Cada
agrupación lleva sus cantineras y gastadores con lo que los
participantes suman más de medio millar. Para el desfile se
cuenta con un equipo de megafonía distribuido por todo el recorrido
para dejar paso en el acto final de la Plaza a una banda de música.
Procesión: Para hallar los orígenes
de la procesión del lunes siguientes a la festividad de la
Ascensión, a la Basílica de Loinaz, nos tenemos que
remontar al siglo XVII, en la época que dirigía los
destinos de la Iglesia el Papa Alejandro VII (1655-1667).
Se sabe que la procesión es de institución papal; fue
Alejandro VII quien ordenó a la Cofradía, en Bula correspondiente,
que celebrará dos días de fiestas, uno en la Dominica
infraoctava de la Ascensión, y otra el lunes inmediato, yendo
en procesión desde la Iglesia parroquial al lugar sagrado donde
nació el Santo. Detalle precioso de lujo es que los portadores
de imagen de San Martín de Loinaz tienen que ir vestidos de
etiqueta, de frac, prueba clara del respeto y del amor que puso en
este atavío, por su origen antiquísimo en la villa,
algún devoto del Mártir.
Un concejal del Ayuntamiento, a quien antiguamente llamaban Teniente-Fiscal,
vestido también de gran etiqueta, llevaba en la procesión
la bandera de la villa y dos veces en el pórtico de la Iglesia
parroquial y otras dos en el pórtico de la Basílica,
al son de una melodía interpretada por los txistularis, el
Teniente-Fiscal, posteriormente conocido por el Abanderado, desplegando
la bandera ante la imagen del Santo y agitándola gravemente
primero de izda. a dcha., y de dcha. a izda., y después con
más viveza y siempre con pulso seguro, al final humillaba y
rendía la enseña, ante el Santo Mártir. Esta
rito se ha venido cumpliendo puntualmente todos los años en
fecha que coincide con el lunes de fiestas.
Aquella figura que institucionalmente correspondía al citado
miembro de la Corporación Municipal, con el tiempo pasó
a la persona que tenía a bien designar la Cofradía de
San Martín de Loinaz, órgano que era responsable de
los actos religiosos introducidos en el programa festivo. |
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